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El grupo de Romeo Santos se impone a las restricciones de sonido del Bernabéu y se enlaza con su público madrileño en un baile de caricias caribeñas y recuerdos de la juventud que fue
Salvo arritmias crónicas, resultaría inconcebible que el gusanillo de la bachata no le picase con su ritmo de clase de baile para mujeres cincuentonas. De súbito, este sábado se apoderó de los pies el compás y tempo que marcaron los bongos y, en caso de pericia, la cintura y la cadera se trenzaron en movimientos casi marítimos, navegando al ritmo de la sensualidad que transmitieron anoche en el Santiago Bernabéu Aventura, los Backstreet Boys de la bachata.
«Bienvenidos al mundo de Aventura», exclamó Romeo Santos, líder indiscutible de la boy band bachatera, antes de adentrar a un público mayoritariamente latino en un universo de amor y desamor, de promesas incandescentes, de recuerdos indelebles. Sus aventureros, así los llaman, se entregaron sin dejar una sola letra por cantar, haciendo temblar los cimientos del estadio al son de Los infieles, El perdedor, Yo quisiera amarla… Un repaso de toda su discografía que hace pensar que merece la pena sumarse a sus más de 21 millones de oyentes en Spotify. O apuntarse a Zumba, lo mismo da.
Entre canciones hubo tiempo para trastadas coquetonas de una banda ya eterna. Debutaron en 1999, pero su estallido no se dio hasta 2002, cuando lanzaron su segundo álbum: We broke the rules. Éste incluye el tema Obsesión, convertido ya en un himno generacional que obtuvo una gran repercusión: alcanzó la cima de listas mundiales. La forma en que la cantó el Bernabéu no dejó lugar a dudas.
Aventura es puro Caribe e instaló un clima tropical en la capital española, aunque la banda, en realidad, nació en Nueva York. Era 1993, Romeo Santos y su primo Henry Santos se unieron a sus amigos Max y Lenny Santos, con los que compartían su ascendencia dominicana y apellido -pero no lazos familiares-, además de su pasión por la música. Encumbraron la bachata a nivel mundial entre los jóvenes gracias a su pericia a la hora de mezclar sonidos más tradicionales con los elementos de R&B y hip-hop que escuchaban en la Gran Manzana. Su estilo y melodías los convirtieron en uno de los grupos latinos más influyentes.
Su directo fue auténtico, impregnado del sentimiento de sus letras. Sin embargo, varios fallos de sonido interrumpieron la experiencia y las protestas no fueron pocas. «Nos están mandando bajar el volumen las autoridades», se defendió Romeo Santos ante las quejas. Su público suplió los bajones, como si fueran la quinta pata de la banda latina. Víctor, que subió a cantar Ella y yo, encarnó esa misión.
En 2011 anunciaron una separación indefinida, y Romeo Santos fue el que más triunfó individualmente. Habrán escuchado su Propuesta Indecente o su Noche de Sexo. Lo de anoche fue algo parecido. El líder de Aventura rompió la máxima de todo artista que se sube al escenario -no dar la espalda al público- para agitar el culo sensualmente, como en un ritual de apareamiento, ayudado, todo sea dicho, por unos pantalones tan pegados a su cuerpo como pegado se baila la bachata.
En 2016 la banda se reunió. Y en 2019. Y en 2021. A los chicos de Aventura les encanta revisitar el pasado. Sin nostalgia. En eso consiste la gira Cerrando ciclos, que aterrizó primero en Fuengirola, tras 17 años sin subirse a un escenario en nuestro país. Para el concierto de este sábado, las entradas culminaron en un sorprendente sold out.
Nadie sabe cómo abrir el baúl de los recuerdos mejor que ellos. Sus canciones son el suelo pegajoso de La Nuit, la orquesta de las fiestas de pueblo, el coche del vecino en un botellón. Su música, cabe decir, no era una elección refinada, pero sí la banda sonora que, aunque kitsch, nos acompañó durante aquellos años en que las puertas de la noche se abrieron para nosotros. Este sábado volvieron a abrirse y fue como la primera vez: una auténtica aventura.


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